El origen
A casi la mitad de mi vida, (si Dios quiere que sea casi la mitad) a punto de cumplir 48 años, se presenta en ella esta oportunidad. La posibilidad de cruzar el Océano Atlántico con buena compañía y con personas amigas y experimentadas en la navegación, no era para desdeñarla.
A casi la mitad de mi vida, (si Dios quiere que sea casi la mitad) a punto de cumplir 48 años, se presenta en ella esta oportunidad. La posibilidad de cruzar el Océano Atlántico con buena compañía y con personas amigas y experimentadas en la navegación, no era para desdeñarla.
El descubrir el mundo de la navegación y el despertar de mi afición a la vela, fue bastante tardía. Con cuarenta y cuatro años, para pasar el tiempo, me apunté a unos cursos de vela mientras mis hijos también lo hacían y así aprovechar los tiempos de espera.
Con el tiempo empecé a alquilar embarcaciones de vela ligera (catamaranes), pero no podía hacer grandes recorridos, ya que con embarcaciones de alquiler existen limitaciones. Entonces me compré mi catamarán y la cosa fue a mejor. Disfrutaba como nunca lo había hecho con cualquier otro deporte o afición.
Más tarde, comencé a profundizar en este mundo, y me apunté a una academia para sacar el título patrón de embarcaciones de recreo. El cálculo de rumbos, estimas y demoras en una carta náutica era apasionante, legislación, motores, navegación etc... Y así lo hice. Pero lo mejor, lo mejor de verdad, es el navegar en sí. Y aquí estoy para contaros lo que he vivido, porque esto hay que contarlo para compartirlo.
Ante todo mi agradecimiento a María Jesús, mi compañera, mi esposa, mujer a la que amo y madre de mis dos hijos Alejandro y Cristina, que me ha apoyado en esta empresa, y a los cuales les he restado tiempo y dedicación hacia ellos. Os quiero, y espero recompensaros algún día por ello.