sábado, 22 de marzo de 2014

11 de diciembre de 2013

    Son las 6 de la mañana. Ya amaneció. El verdor de la vegetación contrasta enórmemente con lo árido y volcánico que dejamos atrás en Cabo  Verde, a más de 2000 millas nàuticas al Este. Todo el paisaje de arboleda, manglar, arbustos y  palmeras configuran un color verde tan llamativo que nos quedamos absortos en un momento de paz y relax mientras nos deleitamos con su vista, si hablar.

Exuberante vegetación la del paisaje caribeño


Mirador de Port du Marín en isla de Martinica


Carlos Lopez, Isabel Pagés, Javier Ruiz y Javier Ramirez


Bahía de Santa Anne

Aunque parezca mentira a la izquierda de los barcos fondeados, no hay casitas blancas...son más barcos ...


Mercado de productos y alimentos artesanales de Port du Marín


El Muskat, uno de los barcos con que nos topamos en la travesía y detectamos con el radar.


El manglar. Vegetación autóctona capaz de devorar en su crecimiento embarcaciones completas


Iglesia de Sant-Etienne en Port du Marin

Fort de France, capital de Martinica



 Fortaleza de donde le viene el nombre a la ciudad




Carlos Lopez ante la catedral de San Luis en Fort de France


Parque natural, Presqu'lle de la Caravelle y Châteu Dubuc


Manglares 




El verde predomina en el paisaje en cualquier lugar


Selva


La Trinité. Martinica

Vista de la bahía o ensenada en La trinité

Fábrica de ron Saint James

Esta locomotora transportaba la caña de azucar recolectada para elaborar el ron a la fábrica




No apostéis sobre si este ron lo hay en España o no. No lo hay. Yo aposté y debo una comida.

El mayor regalo del caribe, sus verdes aguas, su vegetación y su clima




Paraiso brutal

       Mi reflexión:

     La experiencia

    El viaje ya en sí, ha sido una aventura y una recompensa. El poder contemplar estas aguas y estos paisajes, es la guinda del pastel.

    Ha sido toda una experiencia.  Cualquier  gesta que lleve incluida el contacto con la naturaleza, la convivencia estrecha con tus compañeros de travesía, la soledad, los miedos, las alegrías, conocer la pobreza de otros países, ver como sobreviven al día a día... todo esto curte a una persona y la enriquece. Te pone los piés en el suelo. Te abre los ojos para darte cuenta que eres un privilegiado, que tienes lo que necesitas y más, pero también para darte cuenta que eres muy pequeño en este gran planeta en el que nos encontramos y que hay muchas  cosas por hacer, y muchos a los que ayudar.  No podemos estar lamentándonos por minucias. Hay personas por ahí, pasándolo no tan bien como nosotros, y son felices con mucho menos. Esto te hace valorar lo que tienes cerca. Valorar la familia, valorar tu trabajo, valorar los amigos, valorar la paciencia, valorar la solidaridad y en definitiva convertirte en mejor persona.

    Es cierto que para darte cuenta de todo esto no hay que hacer un viaje, pero no es menos cierto, que el ritmo de vida que llevamos, la velocidad a la que vivimos, y el egoísmo que nos inhunda en esta sociedad de consumo, hace que no tengamos...ni queramos, parar un momento a pensar sobre ello...y egoistamente nos conviene. A veces debemos parar...parar... apartarnos del mundo...y pensar...

       El equipo  

     El equipo. Este viaje ha sido posible por la perseverancia de mi cuñado Javier y la infinita paciencia y entrega de su mujer Isabel. También lo hemos logrado por la inmejorable convivencia entre el quinteto que formaba la expedición. Javier Ramirez, Carlos López, Isabel Pagés, Javier Ruiz y el que les escribe Antonio Pérez. Os doy las gracias, por la paciencia y comprensión recíproca en momentos de tensión, prisas, alegrías, agotamientos... sin un mal gesto, sin una mala palabra, siempre con ganas de colaborar y de cuidarnos unos a otros. Hemos sido y somos un verdadero equipo. Espero que de aquí surjan otras futuras derrotas a las cuales creo que todos estaremos encantados de aventurarnos. 


      Esto no lo olvidaremos nunca. Gracias a todos y buenos vientos.

   

domingo, 9 de marzo de 2014

10 de diciembre de 2013

    Son las 7.58h. 5 horas más en España. Estamos en l 14º15' N, L 59º31' O y navegamos rumbo al 279º.

    Como lo prometido es deuda, la noche, de nuevo ha sido aún más agitada que la de ayer. El barco por dentro era una verdadera coctelera. Aunque todo estaba bien arranchado, todo sonaba, todo se movía. Hemos estado como zombies toda la noche dando vueltas, buscando un sitio para asirnos y poder dormir. Ilusos... Obviamente no lo hemos conseguido.



     Mucho viento con picos de hasta 33 nudos, y mucha, mucha, mucha ola. El desayuno como de costumbre de pié y con equilibrios.


      Aunque con caras de pena y flaqueza por tener pocas energías, estamos muy ilusionados, porque hoy, Dios mediante, llegaremos a Martinica.

    Son las 15:10, y estamos a 21 mn de Martinica. Navegamos a una velociad de 8 nudos. Todos andamos nerviosos intentando divisar tierra. Ya nos hemos topado con el primer palangre,  estaba a la deriva debido al fuerte oleaje.

    Como el sol lo tenemos a proa, todos andamos con las gafas de sol para divisar mejor tierra si ésta apareciera. Si seguimos así sobre las 18h estaremos en nuestro destino.

    Son las 15.45h, estamos en l 14º9' N L 60º34' O navegando al  289º, ha 16 mn de Martinica, ya por fin avistamos tierra...

¡¡¡ TIERRA A LA VISTAAAAAAA...DIOS MIOOOO !!!

 Nuestro destino, la isla de Martinica. Solo por sabernos aquí, me parece aún más bonita.

Nos dirigimos a la bahía de Santa Anne para fondear

        ¿Qué os podría contar que no imaginéis ? La sensación es indescriptible. Saber que hace 30 días estaba en Las Palmas de Gran Canarias y echar un vistazo a la carta náutica sabiendo que me encuentro en el otro extremo de esa masa de agua azul y profunda, habiendo pasado momentos buenos y malos, miedos y alegrías, con la compañía de este equipo, es una satisfacción que por más que os cuente...hay que estar aquí para entenderlo.

 Nuestra alegría es incontebible. Lo hemos hecho. Lo hemos conseguido

    Son las 19h. ya es de noche. Me voy a proa con Javier Ramirez, y así poder ver en la oscuridad los palangres que nos encontramos y sortearlos, preparamos el ancla para fondear en la bahía de Santa Anne.

    Es noche cerrada, estamos muy cansados. Fondeamos, toca ducha, cena y dormir a pierna suelta sin oleaje. Mañana con la luz del sol veremos le paisaje. Mañana os contaré lo que nos encontraremos.

    Gracias Dios.

9 de diciembre de 2013

    Son las 8.42h y nos encontramos en l 14º20' N, L 56º20' O navegando rumbo al 275º. Tenemos viento de NE, sobre 25 nudos, y velocidad del barco 8,5 nudos.

    Hasta ahora, esta ha sido la peor noche de todas. Cuando digo la peor noche de todas, digo la peor de verdad. Me refiero a los fuertes vientos, lluvias intensas, zarandeos del barco y repetidas caidas del catre. La noche ha sido verdaderamente muy, pero que muy entretenida. No ha dormido ni el piloto automático. Por lo visto, es lo que nos queda hasta mañana por la noche, que tenemos prevista la llegada.

    Con los vientos de los chubascos hemos recuperado mucho tiempo. Estamos locos por llegar.

    Tenemos un "pequeño" contratiempo, que yo calificaría de grave si no viera la cara de tranquilidad de Javier el capitán. Lo que parecía una una ligera via de agua por la mecha del timón, y que teóricamente se había subsanado. Hoy al comprobar como estaba la sentina, vemos que el agua subía un metro dentro del barco, en el fondo del casco, bajo el motor. Se le aplica grasa a la estopa de la mecha del timón y esperamos que ésto surta efecto.

    La mala mar y el oleaje por popa ha incrementado la cantidad de agua que nos entra por el timón. Rápidamente encendemos la bomba de achique para extraer al exterior el agua de mar.

    Sería mala suerte que después de 16 días de navegación seguidos en alta mar nos viéramos en una situación arriesgada.

    Ayer en mi guardia, debido a que tuve que hacerla en el interior del barco, por la incesante lluvia, allí sentado en la mesa de cartas estuve reflexionando.

    Es curioso que en la electrónica del barco nos apoyamos ciegamente. Obviamente esta comprobado que son herramientas fidedignas y más o menos exactas. Pero acostrumbrado a navegar en cubierta, pudiendo mirar las estrellas, el ligero contraste de la línea de horizonte del mar con la oscuridad del cielo, adivinar la espuma blanca de la ola que se acerca en la noche, el divisar luces en la lejanía, después de todo eso, verme dentro del barco sin poder ver nada, solamente la información que me daban las pantallas...instintivamente miraba por la ventana y todo se veía negro, oscuro, sin luces ni brillos, como boca de lobo.

    A esta sensación la acompañaba los bruscos movimientos del barco con el violento oleaje, unido a la velocidad que llevábamos de hasta 9 nudos en esa oscura noche de chubascos sin fin, os puedo asegurar que ninguna electrónica del mundo me hacía tranquilizar. 

    Esa ligera sospecha de que en cualquier momento pudieramos tener algún objeto flotante por la proa que no detectara el radar no me dejaba de angustiar. Yo quería ver con mis propios ojos el mar, pero el chubasco no  lo permitia.

    Nunca olvidaré esa falsa sensación de seguridad que proporciona la electrónica y cierto miedo contenido en medio de una noche de visibilidad nula y en medio del Atlántico.