miércoles, 18 de diciembre de 2013

12 de noviembre de 2013

    Son las 3 a.m. Me toca guardia. Esta, ha sido muy tranquila, y a diferencia de ayer, ha pasado muy rápida. En el ploter vemos varios barcos, pero solo divisamos a uno visualmente.
  
      El viento ha vuelto a disminuir, a 6 nudos, no nos queda más remedio que arrancar motor.

    Son las 16.15h, nos encontramos en l 23º 03'N, L 18º 26' O navegando al 219º.

    Hoy he hablado con mi mujer y mis hijos. Como la conversación no es full duplex, es poco expresiva porque para evitar cortes, esperamos a que el otro termine de hablar para comenzar  a hablar nosotros. Conversación en la cual se me ha olvidado de decirle a mi hijo Alejandro que le quiero mucho y que lo echo de menos. El próximo día no fallaré.

    Con tanto tiempo libre, para lectura y meditar, es cuando te das cuenta cuanto quieres a los tuyos y que oportunidades pierdes en la vida para decírselo. Te das cuenta que el tiempo se va, que tus hijos crecen, y que hay que aprovechar las oportunidades que te da la vida para jugar, viajar y exprimir la vida con ellos. Porque cuando sean mayores, y ya prefieran estar con sus amigos, que es lo normal, puedan tener un buen recuerdo de esa infancia acompañados de sus padres, y partícipes de todo lo acontecido con ellos en esa época.     Nunca está de más. Quizás no le demos importancia nosotros los mayores, pero ellos sí que lo valoran, os lo aseguro.

    Alejandro y Cristina, os echo mucho de menos y os quiero más que a mi vida. A ti, María Jesús ni te cuento.


11 de noviembre de 2013

    Son la 1 de la madrugada, Carlos está de guardia hasta las 3h. Como me siento bastante despejado, me subo a cubierta con él a charlas un poco. A las 3 me tocará a mi.

    La guardia ha sido muy tranquila. Hoy hace más frío que ayer. Viento del NE 19 nudos y una velocidad del barco mantenida de 9 nudos. No ponemos radar, para ahorrar energía. La noche es muy clara y se ve perfectamente. En el ploter vemos algunas embarcaciones, veleros y pesqueros y alguna luz se divisa a lo lejos. Aunque la guardia es solo de 2 horas, se hace bastante pesada al estar solo. El oleaje por la aleta es fuerte y hace que la embarcación se balancee bastante y es muy incomodo.



    Son las 5h llamo a Javier para el relevo, me toca dormir.

    9 de la mañana, solo vemos un velero muy a lo lejos, el resto solo parece en el ploter. El viento ahora ha bajado a 15 nudos por la popa, navegamos al 216º a una velocidad de 7 nudos.

    18 horas, nos encontramos en l 25º 2' N, L 16º 48' O navegando al 223º. Después de la siesta el viento ha bajado a 8 nudos y navegamos a una velocidad de 4,5 nudos.

    Arrancamos motor para aumentar velocidad y así aprovechamos para activar la desaladora y hacer agua.

    Hemos montado los dos tangones y recogido la mayor, para sacar las dos génovas.





    Nos llegó a través del Iridium, un sms de María Jesús, mi esposa. Nos confirmaba que había recibido nuestra posición que le habíamos enviado vía satélite. Nos hemos puesto muy contentos, sobre todo yo, al leer su saludo. La tecnología hace cosas increibles, como no solo ayudarte a comunicarte, sino algo mejor, hacerte sentir seguro, y  cerca, a pesar de estar a muchas millas alejado de los tuyos.


Javier, hablando por el equipo Iridium

Además esta tarde nos han acompañado durante un buen rato un numeroso grupo 10 o 15 delfines. Son una alegría al no ver ser viviente ni embarcaciones ya en el mar.

    En breve se pondrá el sol, toca ducha,  cena y catre.

   Como se trata de pasarlo bien y que esto no sea una tortura, Javier ha instalado una tv en el barco y tenemos una serie de películas en un pendrive. Hoy nos hemos tragado Django de Tarantino. No ha estado mal. Hasta mañana.

10 de noviembre de 2013

De izquierda a derecha, Javier Ruiz, Isabel Pages, Javier Ramirez, Carlos López y yo, Antonio Pérez

    Son las 12.30 horas. Zarpamos rumbo 190 º, por lo pronto, para ir colocándonos poco a poco a rumbo. Hay que rodear la isla y luego ya corregiremos.

    Hemos salido con normalidad salvo un pequeño susto (sino esto no sería una aventura). El capitán de una embarcación inglesa, con el ánimo de ayudarnos a soltar amarras, en el momento que dábamos atrás para desatracar, no se le ocurre otra cosa que tirar del cabo del muerto de popa para recuperar la amarra, y nos enrolla el cabo en la hélice.

    Carlos, decidido, se pone las gafas y el tubo y se lanza al agua para desenredar el cabo de la hélice. Problema eliminado. Ahora si que zarpamos.

    Aprovechamos el día de salida, junto con otras 42 embarcaciones de la ARC que se dirigen también hacia Cabo Verde. Así por lo menos, sabemos que hay otros barcos alrededor aunque no los veamos directamente, pero si en el radar.

Partimos acompañados por las embarcaciones de la regata de la ARC


    Tenemos un viento de 15 nudos, pero el oleaje es enorme a la salida de la isla.  Hay mucho mar de levas y hace muy incómoda la navegación. Con el oleaje todos tenemos el cuerpo un poco perjudicado. Cuando llevas tiempo sin navegar y vuelves a las andadas es necesario de nuevo acostumbrarse, no  hay quien se salve.

    Carlos, que se ha metido durante 30 minutos en la cocina para preparar la comida y el picoteo es el que ha salido más perjudicado con el balanceo del barco. Ha tenido que tumbarse un rato para recuperarse. Esto pasa "hasta en las mejores familias".

    La comida en esas circunstancias ha sido rápida, tortilla de patatas que fue preparada antes de zarpar por Isabel, y un poco de caña de lomo. Comemos lo justo.

    Vemos bastantes embarcaciones de las que salieron con nosotros. Algunas nos dan una pasada rápida. Son grandes barcos con mucha superficie vélica. El viento aumenta a 19 nudos y nosotros aumentamos la velocidad a 8 y 9 nudos.


Vamos aumentando con el viento

     Va pasando la tarde y ya no vemos a nadie, a unos los hemos dejados atrás y otros nos adelantaron.

    Yo para ir haciéndome amigo del barco, no se me ocurre otra cosa que con ese viento y esa velocidad por popa, tomar el timón, y en un descuido genero una trasluchada que nos quedamos todos "acojonados", y correspondiente amonestación por parte del  capitán, por supuesto con razón. Lección aprendida, no hay que bajar la guardia. Os puedo asegurar que no me volverá a pasar en el resto de la travesía.

    Se hace de noche, son las 19 horas y cenamos. Organizamos las guardias. A mí me ha tocado de 3 a 5 de la madrugada. Cepillado de dientes y a las 20h ya estamos en el catre, excepto los que entran de guardia a las 23h, que todavía no tienen sueño y empalmarán con la guardia. Es la primera vez que me acuesto antes que mis hijos.