miércoles, 18 de diciembre de 2013

10 de noviembre de 2013

De izquierda a derecha, Javier Ruiz, Isabel Pages, Javier Ramirez, Carlos López y yo, Antonio Pérez

    Son las 12.30 horas. Zarpamos rumbo 190 º, por lo pronto, para ir colocándonos poco a poco a rumbo. Hay que rodear la isla y luego ya corregiremos.

    Hemos salido con normalidad salvo un pequeño susto (sino esto no sería una aventura). El capitán de una embarcación inglesa, con el ánimo de ayudarnos a soltar amarras, en el momento que dábamos atrás para desatracar, no se le ocurre otra cosa que tirar del cabo del muerto de popa para recuperar la amarra, y nos enrolla el cabo en la hélice.

    Carlos, decidido, se pone las gafas y el tubo y se lanza al agua para desenredar el cabo de la hélice. Problema eliminado. Ahora si que zarpamos.

    Aprovechamos el día de salida, junto con otras 42 embarcaciones de la ARC que se dirigen también hacia Cabo Verde. Así por lo menos, sabemos que hay otros barcos alrededor aunque no los veamos directamente, pero si en el radar.

Partimos acompañados por las embarcaciones de la regata de la ARC


    Tenemos un viento de 15 nudos, pero el oleaje es enorme a la salida de la isla.  Hay mucho mar de levas y hace muy incómoda la navegación. Con el oleaje todos tenemos el cuerpo un poco perjudicado. Cuando llevas tiempo sin navegar y vuelves a las andadas es necesario de nuevo acostumbrarse, no  hay quien se salve.

    Carlos, que se ha metido durante 30 minutos en la cocina para preparar la comida y el picoteo es el que ha salido más perjudicado con el balanceo del barco. Ha tenido que tumbarse un rato para recuperarse. Esto pasa "hasta en las mejores familias".

    La comida en esas circunstancias ha sido rápida, tortilla de patatas que fue preparada antes de zarpar por Isabel, y un poco de caña de lomo. Comemos lo justo.

    Vemos bastantes embarcaciones de las que salieron con nosotros. Algunas nos dan una pasada rápida. Son grandes barcos con mucha superficie vélica. El viento aumenta a 19 nudos y nosotros aumentamos la velocidad a 8 y 9 nudos.


Vamos aumentando con el viento

     Va pasando la tarde y ya no vemos a nadie, a unos los hemos dejados atrás y otros nos adelantaron.

    Yo para ir haciéndome amigo del barco, no se me ocurre otra cosa que con ese viento y esa velocidad por popa, tomar el timón, y en un descuido genero una trasluchada que nos quedamos todos "acojonados", y correspondiente amonestación por parte del  capitán, por supuesto con razón. Lección aprendida, no hay que bajar la guardia. Os puedo asegurar que no me volverá a pasar en el resto de la travesía.

    Se hace de noche, son las 19 horas y cenamos. Organizamos las guardias. A mí me ha tocado de 3 a 5 de la madrugada. Cepillado de dientes y a las 20h ya estamos en el catre, excepto los que entran de guardia a las 23h, que todavía no tienen sueño y empalmarán con la guardia. Es la primera vez que me acuesto antes que mis hijos.

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