domingo, 9 de marzo de 2014

9 de diciembre de 2013

    Son las 8.42h y nos encontramos en l 14º20' N, L 56º20' O navegando rumbo al 275º. Tenemos viento de NE, sobre 25 nudos, y velocidad del barco 8,5 nudos.

    Hasta ahora, esta ha sido la peor noche de todas. Cuando digo la peor noche de todas, digo la peor de verdad. Me refiero a los fuertes vientos, lluvias intensas, zarandeos del barco y repetidas caidas del catre. La noche ha sido verdaderamente muy, pero que muy entretenida. No ha dormido ni el piloto automático. Por lo visto, es lo que nos queda hasta mañana por la noche, que tenemos prevista la llegada.

    Con los vientos de los chubascos hemos recuperado mucho tiempo. Estamos locos por llegar.

    Tenemos un "pequeño" contratiempo, que yo calificaría de grave si no viera la cara de tranquilidad de Javier el capitán. Lo que parecía una una ligera via de agua por la mecha del timón, y que teóricamente se había subsanado. Hoy al comprobar como estaba la sentina, vemos que el agua subía un metro dentro del barco, en el fondo del casco, bajo el motor. Se le aplica grasa a la estopa de la mecha del timón y esperamos que ésto surta efecto.

    La mala mar y el oleaje por popa ha incrementado la cantidad de agua que nos entra por el timón. Rápidamente encendemos la bomba de achique para extraer al exterior el agua de mar.

    Sería mala suerte que después de 16 días de navegación seguidos en alta mar nos viéramos en una situación arriesgada.

    Ayer en mi guardia, debido a que tuve que hacerla en el interior del barco, por la incesante lluvia, allí sentado en la mesa de cartas estuve reflexionando.

    Es curioso que en la electrónica del barco nos apoyamos ciegamente. Obviamente esta comprobado que son herramientas fidedignas y más o menos exactas. Pero acostrumbrado a navegar en cubierta, pudiendo mirar las estrellas, el ligero contraste de la línea de horizonte del mar con la oscuridad del cielo, adivinar la espuma blanca de la ola que se acerca en la noche, el divisar luces en la lejanía, después de todo eso, verme dentro del barco sin poder ver nada, solamente la información que me daban las pantallas...instintivamente miraba por la ventana y todo se veía negro, oscuro, sin luces ni brillos, como boca de lobo.

    A esta sensación la acompañaba los bruscos movimientos del barco con el violento oleaje, unido a la velocidad que llevábamos de hasta 9 nudos en esa oscura noche de chubascos sin fin, os puedo asegurar que ninguna electrónica del mundo me hacía tranquilizar. 

    Esa ligera sospecha de que en cualquier momento pudieramos tener algún objeto flotante por la proa que no detectara el radar no me dejaba de angustiar. Yo quería ver con mis propios ojos el mar, pero el chubasco no  lo permitia.

    Nunca olvidaré esa falsa sensación de seguridad que proporciona la electrónica y cierto miedo contenido en medio de una noche de visibilidad nula y en medio del Atlántico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario